A veces buscamos el cierre en la otra persona… pero en realidad el cierre nace dentro de nosotros. Muchas conversaciones quedan inconclusas: palabras que no dijimos, emociones que guardamos, preguntas que nunca tuvieron respuesta. Y cuando eso ocurre, la mente sigue regresando a ese momento una y otra vez.
El ejercicio de la silla vacía, utilizado en la Terapia Gestalt de Fritz Perls, permite precisamente eso: completar lo que quedó pendiente. Imaginas a la otra persona sentada frente a ti y te permites decir, sin filtros, todo aquello que nunca pudiste expresar.
Funciona porque el cerebro responde a las experiencias imaginadas de forma muy similar a las reales. Desde la neurociencia, cuando visualizamos una situación intensamente, se activan redes neuronales parecidas a las que se activarían si estuviera ocurriendo de verdad. Por eso, aunque la otra persona no esté presente, tu mente sí puede vivir ese cierre.